Sesión 9: La planificación de la enseñanza-aprendizaje. La unidad didáctica

Por efezeta - 7 de Febrero, 2006, 20:21, Categoría: Diario

La sesión de esta semana se refería a la planificación de la enseñanza y a la unidad didáctica. El profesor distinguió entre dos tipos de planificación, aunque no son los únicos:

La planificación a largo plazo o abierta, es decir, que depende el profesor. Pasado un tiempo esto se organizó por cursos. En estos momentos tenemos un currículo bastante cerrado, es decir, muy programado. El profesor nos dijo que la mayoría de docentes prefieren o deberían preferir el currículo abierto, ya que confiere mayor libertad para actuar.

El otro tipo de planificación se enmarca dentro de la unidad didáctica, que debe ser concebida en el marco de una programación previa: hay que especificar en qué curso y en qué trimestre se va a llevar a cabo. También ha de tenerse en cuenta el contexto: respetar el currículo general, así como el currículo específico de la Comunidad Autónoma.

 A propósito de esto, el profesor sacó a debate el tema del currículo regional, el cual fue cuestionado: ¿hasta qué punto es relevante agregar al canon a los autores de la zona donde vive el alumno? ¿Y qué hacemos con regiones como Sevilla, que es tan fructífera en literatos? ¿Qué autor regional de segunda categoría añadimos?

 

Tras esta intensa introducción, la clase siguió con la “exposición de la semana”, donde cada miembro del grupo explicó una actividad determinando su contenido, el tipo de actividad que era y el objetivo de aprendizaje. Estas actividades están sacadas de la unidad didáctica <Al alba venid>, donde se examina la poesía tradicional española, se practica métrica, así como cuestiones gramaticales sobre la oración simple y unas pequeñas nociones de etimología. Todos estos aspectos que parece que no tengan mucho que ver con el tema general de la unidad responden a las exigencias del currículo general: son contenidos que han de incluirse en algún sitio. Por otro lado, llama la atención un apartado de la unidad, el proyecto de escritura, que en este caso se refiere a la elaboración de una antología propia. En cuanto a este proyecto, también fue objeto de análisis en cada una de sus actividades, atendiendo a las pautas de la habilidad lingüística que se trabaja, el tipo de actividad y su objetivo.

 

Al finalizar la exposición, se dividió la clase en diferentes grupos y cada uno de ellos se encargó de un par de estas citadas actividades, para analizarlas de nuevo y discutir los resultados mediante una puesta en común. Entre todos, y con ayuda del profesor, intentamos aclarar que se entendía por “actividad abierta” y “actividad cerrada”. La primera suele dar lugar a múltiples respuestas válidas, siempre acompañadas de la debida argumentación, es una actividad que se presta al debate y a la discusión oral; la actividad cerrada suele ser más pautada -aunque esto no es una característica determinante-, y se espera de ella una única respuesta válida, de ahí que no admita demasiados comentarios ni puntos de vista diferentes. Se hizo hincapié en que no hay que confundir la pauta del profesor con el carácter abierto de una actividad, pues este depende del grado de autonomía que se confía al alumno, de su margen para tomar decisiones. El profesor insistió en que para enseñar hay que pautar (si no los alumnos no saben por dónde empezar), pero ha de hacerse en su justa medida, porque si lo damos todo muy masticadito, los alumnos no aprenderán nada. En efecto, lo más difícil es conseguir que los alumnos sean autónomos en el trabajo, pues muchas veces son temerosos, no tienen confianza en sus propias capacidades, piensan que sin ayuda fracasarán.

De esta discusión en clase sacamos varias conclusiones, como la falta de autonomía de los alumnos a la hora de realizar actividades (muchas veces habrá que orientarles e incluso facilitarles el material o los pasos a seguir para conseguirlo), así como la adecuación de las actividades según las actitudes del alumno (esto es atender a la diversidad del alumnado: hay actividades que se prestan a ser resueltas en distintos niveles). Entre todos los grupos hubo uno que se encargó de observar los elementos que debe contener la unidad didáctica, para ello el profesor los dotó con una chuleta que contenía los verbos que utilizaríamos para designarlas para saber así a qué tipo de actividad debemos atender.

En cuanto a los contenidos, comentamos sus diferentes dimensiones: concepto, procedimiento y actitud. Del concepto y el procedimiento se llegó a la conclusión de que muchas veces han de ir a la par (pues para saber hacer hay que tener claros unos conceptos). En cuanto a las actitudes, distinguimos dos, aunque no son las únicas: la actitud ante el trabajo (disposición para aprender, experiencias positivas ante la cultura) y la actitud de tipo colaborativo (saber cooperar, respetar a los compañeros, etc.). las actitudes son muy importantes porque determinan el grado de motivación del alumno: cuanto más motivado esté, más aprenderá. Esto nos hace pensar que vale la pena, como profesores, trabajar por fomentar estas actitudes, pero, lamentablemente, esta es una dimensión que no se puede evaluar.

 

Rebeca y Elia

     

La sesión de esta semana se refería a la planificación de la enseñanza y a la unidad didáctica. El profesor distinguió entre dos tipos de planificación, aunque no son los únicos:

La planificación a largo plazo o abierta, es decir, que depende el profesor. Pasado un tiempo esto se organizó por cursos. En estos momentos tenemos un currículo bastante cerrado, es decir, muy programado. El profesor nos dijo que la mayoría de docentes prefieren o deberían preferir el currículo abierto, ya que confiere mayor libertad para actuar.

El otro tipo de planificación se enmarca dentro de la unidad didáctica, que debe ser concebida en el marco de una programación previa: hay que especificar en qué curso y en qué trimestre se va a llevar a cabo. También ha de tenerse en cuenta el contexto: respetar el currículo general, así como el currículo específico de la Comunidad Autónoma.

 A propósito de esto, el profesor sacó a debate el tema del currículo regional, el cual fue cuestionado: ¿hasta qué punto es relevante agregar al canon a los autores de la zona donde vive el alumno? ¿Y qué hacemos con regiones como Sevilla, que es tan fructífera en literatos? ¿Qué autor regional de segunda categoría añadimos?

 

Tras esta intensa introducción, la clase siguió con la “exposición de la semana”, donde cada miembro del grupo explicó una actividad determinando su contenido, el tipo de actividad que era y el objetivo de aprendizaje. Estas actividades están sacadas de la unidad didáctica <Al alba venid>, donde se examina la poesía tradicional española, se practica métrica, así como cuestiones gramaticales sobre la oración simple y unas pequeñas nociones de etimología. Todos estos aspectos que parece que no tengan mucho que ver con el tema general de la unidad responden a las exigencias del currículo general: son contenidos que han de incluirse en algún sitio. Por otro lado, llama la atención un apartado de la unidad, el proyecto de escritura, que en este caso se refiere a la elaboración de una antología propia. En cuanto a este proyecto, también fue objeto de análisis en cada una de sus actividades, atendiendo a las pautas de la habilidad lingüística que se trabaja, el tipo de actividad y su objetivo.

 

Al finalizar la exposición, se dividió la clase en diferentes grupos y cada uno de ellos se encargó de un par de estas citadas actividades, para analizarlas de nuevo y discutir los resultados mediante una puesta en común. Entre todos, y con ayuda del profesor, intentamos aclarar que se entendía por “actividad abierta” y “actividad cerrada”. La primera suele dar lugar a múltiples respuestas válidas, siempre acompañadas de la debida argumentación, es una actividad que se presta al debate y a la discusión oral; la actividad cerrada suele ser más pautada -aunque esto no es una característica determinante-, y se espera de ella una única respuesta válida, de ahí que no admita demasiados comentarios ni puntos de vista diferentes. Se hizo hincapié en que no hay que confundir la pauta del profesor con el carácter abierto de una actividad, pues este depende del grado de autonomía que se confía al alumno, de su margen para tomar decisiones. El profesor insistió en que para enseñar hay que pautar (si no los alumnos no saben por dónde empezar), pero ha de hacerse en su justa medida, porque si lo damos todo muy masticadito, los alumnos no aprenderán nada. En efecto, lo más difícil es conseguir que los alumnos sean autónomos en el trabajo, pues muchas veces son temerosos, no tienen confianza en sus propias capacidades, piensan que sin ayuda fracasarán.

De esta discusión en clase sacamos varias conclusiones, como la falta de autonomía de los alumnos a la hora de realizar actividades (muchas veces habrá que orientarles e incluso facilitarles el material o los pasos a seguir para conseguirlo), así como la adecuación de las actividades según las actitudes del alumno (esto es atender a la diversidad del alumnado: hay actividades que se prestan a ser resueltas en distintos niveles). Entre todos los grupos hubo uno que se encargó de observar los elementos que debe contener la unidad didáctica, para ello el profesor los dotó con una chuleta que contenía los verbos que utilizaríamos para designarlas para saber así a qué tipo de actividad debemos atender.

En cuanto a los contenidos, comentamos sus diferentes dimensiones: concepto, procedimiento y actitud. Del concepto y el procedimiento se llegó a la conclusión de que muchas veces han de ir a la par (pues para saber hacer hay que tener claros unos conceptos). En cuanto a las actitudes, distinguimos dos, aunque no son las únicas: la actitud ante el trabajo (disposición para aprender, experiencias positivas ante la cultura) y la actitud de tipo colaborativo (saber cooperar, respetar a los compañeros, etc.). las actitudes son muy importantes porque determinan el grado de motivación del alumno: cuanto más motivado esté, más aprenderá. Esto nos hace pensar que vale la pena, como profesores, trabajar por fomentar estas actitudes, pero, lamentablemente, esta es una dimensión que no se puede evaluar.

 

Rebeca y Elia

     

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